4. Necesidad.

Estaba oscuro, sentí un golpe en mi bajo vientre y como me arrastraban cada vez más cerca del ruido. Había un hombre que gritaba ordenes, otro que respondía con lealtad y alguien amarrándome fuertemente • ¿Lógico, no?• Sentía pinchazos en mi abdomen, note movimiento apresurado a mi alrededor.
-Métela en el coche.- Ordenó una voz ruda. Una vez escuche, el golpe pesado de la puerta al cerrarse, las ruedas del coche chirriaron contra el asfalto mientras mis secuestradores huían a gran velocidad. En alguna parte del camino me quedé inconsciente y para cuando abrí mis ojos de nuevo me hallaba en una pequeña habitación quejumbrosa, oscura, mal oliente, con tan solo cemento cubriendo las paredes y formando el suelo. Con dolorosos espasmos en mi cuerpo alcé la cabeza, estaba recostada en un colchón mohoso que rezumaba a sudor, un mareo acudió a mí y volví a sucumbir con un quejido acompañado de mi garganta • ¡Por Dios! Que esto acabe pronto y que sea solo una pesadilla una horrible pesadilla. •
La siguiente vez que conseguí abrir los ojos, había un hombre conmigo.
-Por fin despiertas.- Suspiro el hombre con alivio. El era un hombre regordete de oscuros ojos negros, labios finos, con una mandíbula fuerte. Sus hombros estaban ligeramente hundidos, provocando así, que pareciese más inocente, su barriga parecía una montaña sobre su camisa negra, y sus pantalones vaqueros le quedaban ligeramente apretados bajo la envergadura de su vientre. Sonrió ante mi mirada y dejo al descubierto una masa de dientes blanquecinos.
-Vaya, sigues confusa.- Dijo mientras ponía su sucia mano sobre mi frente y exhalaba lentamente.- Parece que no tienes fiebre ¿quieres beber agua? Llevas mucho tiempo desmayándote, cosa normal, estas llena de feos cardenales y tuvo que ser un gran golpe para ti todo esto.-
Abrí mis ojos asombrada por su amabilidad y acepte la oferta del agua con un leve asentimiento, mi cabeza dolía como si me hubiesen golpeado con un gran hierro o algo parecido. El hombre salió de mi vista dejándome sola. Intenté levantarme, me dolía todo el cuerpo pero tendría que intentar escapar y quería saber cuánto tiempo me tomaría recuperar mis fuerzas, no todas está claro, solo las suficientes para ponerme a salvo. Sentí tirones en mis músculos, mis ropas estaban sucias y rasgadas • Increíble, mi pijama más cómodo, aunque horrible, ya me ha dejado, ¡Dios! ¿Cómo puedo preocuparme de mi ropa ahora?• Miré mis pies ahora desnudos, •Por lo visto también he perdido mis zapatillas de andar por casa. Genial, simplemente genial• Pensé con ironía. Escuché ruidos, me senté a la vez que la puerta se abría dejando pasar al ancho hombre con una botella de medio litro en su mano.
-Aquí tienes.- Sonrió alcanzándome la botella.- ¿Puedes hablar o sigues conmocionada?
Destaponé la botella dirigiéndole a mi boca seca y tome un largo trago. Se noto tan bien como nunca antes lo había hecho y agradecí con todo mi alma la calma en mi cuerpo. El hombre me miró esperando por mi respuesta.
-Sí, puedo hablar pero no suelo hacerlo con desconocidos.- Él rió ante mi comentario, asintiendo con la cabeza divertido.
-Cierto, no deberías. Me llamo Randy,- dijo mientras pasaba una mano por su abultado vientre.- y me gustaría conocerte antes de que el jefazo vuelva e intente matarme por acercarme a ti.
Contuve el aliento, tenía que saber quién era ese “Jefazo” del que él hablaba.
-¿Por qué te mataría?- Pregunté curiosa, •Mareemos la perdiz, Leah, mareémosla para saber quién es ese “Jefazo”• Randy enarcó una ceja y se carcajeo:
-Es simple, porque te quiere solo para él, porque yo no debería entablar ninguna clase de relación contigo y porque si por mi mano estuviera, y no necesitase el dinero para mi familia, te ayudaría a escapar y no lo dudaría dos veces. Pareces una buena persona, no sé… no creo que le hayas hecho algo tan malo para que te mantenga aquí cautiva. –Soltó con un leve destello de tristeza en sus oscuros ojos.
-¿Tú me sacarías de aquí?- Cuestioné atónita. Randy asintió cabizbajo y luego dirigió su mirada directo a mi rostro.
-Lo haría pero necesito el beneficio que me ofrecen. Lo siento si te he dado alguna esperanza yo…-
-No tienes por qué hacer esto, conozco a alguien que te ayudaría si me sacas de aquí. ¡Incluso yo te ayudaría si me sacas de esta!- Intenté convencerle. Mi rostro pasó a ser uno de suplica, Randy me miró pareciendo pensarlo, lo que me parecieron unos largos minutos, abrió su boca pero no le dio tiempo a producir ningún sonido, el “Jefazo” estaba aquí.
Continuará……

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Acerca de Nekalice

Me llaman Nekalice, me encanta escribir y compartir mis escritos, todo tipo de música excepto flamenco, adoro leer, comer las comiditas de la abu que son muy sabrosas y domir. ¡Espero que les guste el blog y lo compartan con todos sus amigitos! ¡Besitos!
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Una respuesta a 4. Necesidad.

  1. luciamuyloca dijo:

    Joo no cortes aqui el capitulo juuuuuuuuuuu ya me habia enganchado (ootra vez) jejejej ^^

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