Fragmento #8 – Recuerdos.

Hacia ya dos horas y cuarenta y ocho minutos que había acompañado a Miley a su minúsculo apartamento en el complejo Ouge. La pequeña criatura parecía confusa y envuelta en sus pensamientos cuando la acompañé. Creo que ni se dio cuenta del beso que deposité en su frente, ni de mis ganas de no abandonarla aunque fuera, tan sólo, por una noche. Si ella hubiera estado de mente presente quizá me hubiera obligado a decir mis sentimientos pero lo que ella no sabía era que siempre me iba a negar. Siempre que yo no estuviera preparado.

Me tumbé con un golpe sordo sobre mi mullida cama y cerré los ojos. Cuanto antes me durmiera antes la volvería a tener en mis brazos pero el dolor acudió a mi mente. Recordé el mensaje enviado, aquella grabación que me decía que ella sería mi perdición y la de mi planeta. La única solución que le encontraba al problema era romper nuestros lazos pero no podía… Yo simplemente no podía hacerlo. Abandonarla me parecía tan cruel como una traición y yo nunca he sido de traicionar. Tendría que hablar con ella al día siguiente sobre el tema aunque no lo iba a hacer. Cada minuto con Miley lo aprovecharé hasta que ese mañana fatal llegare.

El cansancio se empezó a alzar sobre mi enviándome a ese sopor tan agradable de preludio al descanso y al sueño. La calma acudió a mi cuerpo y me hundió en su sopor.

Me desperté entre barro y ceniza. Alguien cantaba una dulce canción en mi oído mientras me acunaba torpemente entre sus brazos.

Dulce niño que mis brazos te amparen y que nadie te saque de tu bonito ensueño. ¡Oh criatura linda, oh mi amor….!- arrullaba la canción en mi oído. 

Abrí mis ojos y contemplé como aquellos ojos grises lloraban y manchaban mis ropas. Noté dolor en mi pierna izquierda, un olor agudo a sangre impregnaba el ambiente. Traté de mirar hacia abajo pero la mujer me apretó más fuerte contra su pecho impidiéndome ver la herida. Susurró palabras consoladoras y dijo que “alguien” vendría a ayudarnos. Y así fue, una Selterian (la criatura más noble y bella de entre todos los mundos) curó mi sufrimiento con su toque divino y, antes de marcharse susurró: – No te fíes de los mensajes. No te fíes del que te quiere guardar el bien porque en su sonrisa nadie sabe que es lo que te puede esconder.” 

Me desperté sobresaltado. ¿Que querrían decir aquellas palabras? ¿Cómo podía yo saberlo? ¿Sabría su significado antes de que fuera tarde? No lo sabía pero mi mente seguía corriendo enfebrecida  y apenas era de madrugada. Froté mis ojos y con una profunda determinación me dispuse a salir en busca de respuestas.

Nekalice

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Acerca de Nekalice

Me llaman Nekalice, me encanta escribir y compartir mis escritos, todo tipo de música excepto flamenco, adoro leer, comer las comiditas de la abu que son muy sabrosas y domir. ¡Espero que les guste el blog y lo compartan con todos sus amigitos! ¡Besitos!
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